«Es que se me dan mal los idiomas.» Llevamos muchos años de clases y es, sin duda, la frase que más hemos oído en una primera conversación con un alumno nuevo. También en sus otras versiones: «yo soy negado para el inglés», «a mí esto no se me da». La dicen ingenieras que resuelven problemas complejísimos, enfermeros que se saben protocolos interminables, gente que ha aprobado unas oposiciones durísimas. Todos convencidos de que algo en su cabeza no funciona para el inglés.
Nosotros lo tenemos bastante claro: casi seguro que no se te dan mal los idiomas. De hecho, ya aprendiste uno, el que estás leyendo ahora, y sin libros ni apps. Lo que te pasa es otra cosa y tiene arreglo.
De dónde sale esta idea (casi siempre, del cole)
Cuando alguien nos dice que es «negado», le pedimos que nos cuente su historia con el inglés. Y casi siempre es parecida: clases de 30 alumnos, listas de verbos irregulares, exámenes de rellenar huecos, a lo mejor un profesor que le hizo pasar vergüenza leyendo en voz alta, y años aprobando (o no) sin llegar a mantener una conversación.
Ahí no hay ninguna prueba de falta de capacidad. Lo que hay es un método concreto que, en unas condiciones concretas, no funcionó. Sería como decidir que se te da mal cocinar porque en el colegio te hicieron memorizar recetas sin dejarte nunca encender el fuego.
Los estudios van en la misma línea. La aptitud extraordinaria para los idiomas existe, igual que existe para la música, pero se nota sobre todo en los extremos. Para llegar a un B2 con el que defenderte, que es lo que busca la gran mayoría, pesan mucho más las horas de práctica en buenas condiciones que el talento.
Lo que suele esconder el «se me da mal»
Con los años hemos visto que detrás de esa frase casi siempre hay alguna de estas cosas.
«Me da vergüenza.» El miedo a hablar y quedar mal es tan común que le hemos dedicado un artículo entero. Quien no practica por vergüenza no mejora, y quien no mejora confirma su teoría de que es negado. Ese círculo se rompe practicando en un sitio donde te sientas cómodo, y para eso no hace falta tener otro cerebro.
«Lo he dejado varias veces.» Empiezas en enero, lo dejas en marzo, vuelves en septiembre… Cada vez regresas casi a la casilla de salida, y después de unas cuantas vueltas parece lógico pensar que esto no es para ti. Pero lo que fallaba era el sistema (sin horario fijo, sin un grupo que te espere, sin nadie que note que no estás), no tu cabeza.
«Me comparo con mi cuñado.» Siempre hay alguien que «en un año ya hablaba perfecto». Normalmente ese alguien vivió fuera, tenía pareja extranjera o partía de más nivel del que cuenta. Compararte con la versión resumida de la historia de otro desanima a cualquiera.
Aprender inglés de adulto: distinto, pero no peor
Tampoco te vamos a vender que todo es cuestión de actitud. Los niños se quedan con la pronunciación con más facilidad, eso es cierto. Pero los adultos tienen ventajas de las que se habla poco: entienden la gramática de forma abstracta, saben organizarse, tienen motivos concretos para aprender y aprovechan mejor cada hora de clase. Los estudios que comparan ambos grupos coinciden en que, con las mismas horas, el adulto avanza más rápido en casi todo menos en el acento. Y para comunicarte, el acento es lo de menos.
Tenemos alumnos que empezaron de cero pasados los 50 y hoy se van de viaje solos y vuelven contando batallas en inglés. Ninguno tenía un don especial. Lo que sí tenían era clase los martes y jueves a las 19:00.
Qué hacer si llevas años diciendo «se me dan mal los idiomas»
Primero, cámbiale el final a la frase. En vez de «se me dan mal los idiomas», prueba con «todavía no he aprendido inglés en las condiciones adecuadas». Parece una tontería, pero la primera suena a condena y la segunda a algo que tiene solución.
Segundo, busca lo que te faltó las otras veces. Un grupo pequeño donde no te quede más remedio que hablar (la vergüenza se pasa en un par de clases), un horario fijo que no dependa de tus ganas de ese día y un profesor y unos compañeros que noten si faltas. Por eso nuestras clases son de máximo 4 alumnos: las pensamos para quien se cree negado y no lo es, que es casi todo el mundo.
Y tercero, mira de dónde partes, que suele ser mejor de lo que crees. La prueba de nivel es gratuita y más de una vez ha acabado con un alumno preguntándonos: «¿en serio tengo un B1?». Pues sí, lo tenía. Si te animas a hacerla, igual te llevas la misma sorpresa.
¿Cuál es tu nivel de inglés?
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