Cuando se habla de bilingüismo en casa, a casi todos nos viene a la cabeza la familia de anuncio. El padre con inglés de Oxford, los niños contestando con acento británico y hasta el perro entendiendo dos idiomas. Muy bonito, pero se parece poco a lo que hay en la mayoría de las casas españolas, donde el inglés de los padres es, siendo generosos, «el del instituto, y de eso hace ya». Y esa imagen, más que animar, desanima.
¿Puede una familia normal, con un inglés regulero o directamente inexistente, crear un ambiente en el que el inglés vaya creciendo? Pues sí. Tu salón no se va a convertir en Manchester, ni falta que hace. Te dejamos las ideas que mejor vemos funcionar, ordenadas de más fáciles a más atrevidas.
Bilingüismo en casa: tu papel no es enseñar
Muchas familias se bloquean con lo mismo: «¿cómo le voy a poner yo inglés, con mi acento?». Quítate ese peso de encima. No tienes que hacer de profesor de tu hijo. Lo que sí está en tu mano es decidir qué es normal en tu casa, y eso pesa mucho más de lo que parece, porque los niños aprenden sobre todo de lo que les rodea.
Si en casa suena música en inglés, los dibujos están en versión original y mamá o papá están aprendiendo un idioma tan contentos, el inglés pasa a formar parte del paisaje y deja de ser una asignatura. Para eso no hace falta pronunciar bien squirrel (tranquilo, que nadie lo pronuncia bien).
Lo más fácil: cambiar unos cuantos hábitos
Estas ideas no piden saber inglés, solo decidirse.
Los dibujos, en inglés. Es la medida que más recomendamos, tanto que le dedicamos un artículo entero. Si tus hijos son pequeños, aprovecha que todavía no les parece raro, antes de que descubran que existe el doblaje.
La música del coche. Canciones infantiles en inglés de camino al cole. Se las aprenden sin darse cuenta, y la pronunciación que se les pega cantando sorprende muchísimo.
Audiolibros y cuentos narrados. ¿No te ves leyendo en voz alta en inglés? Pues no leas tú. En Storyline Online, por ejemplo, hay cuentos infantiles leídos por actores nativos, y en las plataformas de audiolibros encontrarás cientos más. Tú solo tienes que darle al play y acurrucarte con ellos, que al final es la parte del ritual que más cuenta.
Rituales pequeños para el día a día
La palabra del día. En el desayuno alguien elige una palabra (se vale mirarla en el móvil) y el juego consiste en colarla durante el día. Los niños suelen ganar, por cierto, y les encanta ganarte.
Momentos fijos en inglés. Funcionan mejor que proponerse «hablar más inglés» así, en general. Puede ser el desayuno del sábado en el que las cosas de la mesa se piden en inglés, las canciones de siempre a la hora del baño o el good night, sleep tight antes de dormir. Mejor poco y todos los días que mucho de vez en cuando.
Aprender tú delante de ellos. Es probablemente la idea que más nos gusta de esta lista, y la que menos se hace. Si tus hijos te ven en tus clases, te oyen practicar y hasta te ven equivocarte y reírte, entienden que en vuestra familia los idiomas se aprenden a cualquier edad y que equivocarse es lo normal. Muchos de nuestros alumnos adultos empezaron su propio curso justo cuando sus hijos empezaron el suyo, y en esas casas la cena se ha convertido en un concurso de «¿a que no sabes qué he aprendido yo hoy?».
Y si te animas, háblales en tu inglés
¿Y hablarles directamente en inglés con el nivel que tienes? Aquí los estudios son más amables de lo que la gente cree. Lo que oyen en casa, aunque no sea perfecto, también suma, y con el tiempo los niños pulen el acento con todo lo demás que escuchan (dibujos, profesores, canciones). Tu «verz maz o menoz azí» no les va a estropear nada.
Eso sí, con dos condiciones de sentido común. La primera, que salga natural, con frases del día a día que domines (come on, let’s go!, where are your shoes?). La segunda, que nunca se convierta en motivo de pelea. Cuando el inglés empieza a generar tensión en casa se pierde más de lo que se gana, así que ante la duda, mejor el buen rollo.
Lo que ponen las clases
Todo esto prepara el terreno. Los niños se familiarizan con el idioma y le pierden el miedo. Lo que la casa no da por sí sola es la conversación y un avance ordenado, igual que oír música en casa no te enseña a tocar el piano.
Para eso están las clases. En nuestros grupos reducidos para niños y adolescentes, con profesores nativos y mucho juego, ese inglés que suena en casa se va convirtiendo en frases y conversaciones. En nuestra experiencia, juntar las dos cosas (una casa donde el inglés es normal y una clase que le da estructura) es lo que mejor funciona, con diferencia.
¿Quieres que veamos en qué punto están tus hijos? ¿O tú, ya puestos? La prueba de nivel es gratuita y sin compromiso. Escríbenos y lo vemos juntos.
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